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Ampeló deviene de la ampelología, que es la ciencia que estudia la biología de la vid. Cuenta la leyenda que Ámpelo era el amado de Dionisio o Baco, Dios del Vino.

Las Moiras concedieron a Ámpelo una segunda vida como parra de la que el mismo Dionisio prensó el primer vino y se lo regaló a los hombres.
Antes de ser humanos fuimos bebedores. Alentados desde “la sangre de Cristo”, acompañando la identidad cultural, desde las esculturas, pinturas, películas en representación del vino como personaje central, el viacrucis gastronómico que marida, la música que no puede pasar por alto su compañía al vino, y que cada vez que nos sirven una copa de vino, nos ponemos a escribir.

Ampeló nos recuerda el beber, bebemos para recordar, alimentamos la fuerza del trabajo, y entramos en el ritual de la embriaguez, que concluye en la nutrición del arte.

Salud!