En las novelas de Valeria Luiselli hay siempre un espejo autoficcional, un desplazamiento, saltos temporales y alguna presencia espectral. No es la excepción Principio, medio, fin, en cierta forma una extensión y duplicación de Desierto sonoro (2019), la novela que propulsó el reconocimiento de la autora mexicana. Ya en pleno duelo de la relación marital que hacía agua en aquel tour de force por Estados Unidos (y que, en términos verídicos, involucraba al escritor Álvaro Enrigue), Ella Camposanto se instala con su hija Manuela en la Italia de sus ancestros, a la vez cuna de una civilización que está derrumbándose como ella. El paralelismo es elocuente: las migrañas, los ataques de pánico y el dolor por la separación coinciden con los migrantes refugiados, el avance de la derecha y unos alarmantes incendios propiciados por la entrada en erupción del volcán Etna. En ese escenario donde lo actual y lo milenario se superponen en una misma postal apocalíptica, la protagonista reflexiona sobre los múltiples dilemas del tiempo lineal en un relato que es simultáneamente un final, un medio y un nuevo e improbable principio.